Por: Ana Larrañaga Flota

Los sistemas de etiquetado en alimentos y bebidas existen con un objetivo “sencillo”: informar a la población sobre la calidad del producto que están consumiendo, sus ingredientes, cantidades exactas, entre otros.

Esto que pareciera sencillo, tiene en realidad, una gran cantidad de estudios, pruebas de comprensión, recomendaciones internacionales, implicaciones de derecho y organismos expertos en salud pública detrás. Desafortunadamente, también atrae a los intereses comerciales de algunas industrias (como las de alimentos ultraprocesados y bebidas no alcohólicas), quienes, en la búsqueda de la rentabilidad y promoción de sus productos en el mercado, han interferido con la política pública, afectando así el derecho de acceso a información clara y basada en evidencia científica sólida que tenemos como consumidores.

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En las últimas semanas, la discusión se ha levantado en México sobre la necesidad de cambiar el sistema de etiquetado actual.

A continuación, se presentan algunas de las principales razones por las que este, debe cambiar como parte de una estrategia integral para combatir la obesidad y prevenir enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2:

  1. Utiliza un criterio de azúcar demasiado elevado, mismo que no está basado en evidencia sólida ni recomendaciones de expertos en salud.

A pesar de que México vive una emergencia epidemiológica por obesidad y diabetes (decretada por la propia Secretaría de Salud en 2016), y de la extensa literatura científica que demuestra la relación entre la ingesta excesiva de azúcares con la ganancia de peso y el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y las cardiopatías, el la cantidad de azúcar propuesta como un límite seguro en el etiquetado mexicano es de ¡90 gramos por día!

Si lo comparamos con los 50 gramos propuestos como límite por la Organización Mundial de la Salud(OMS) /Organización Panamericana de la Salud (OPS), y los 30 gramos que recomienda la Academia Nacional de Medicina (ANM) en las “Guías Alimentarias y de Actividad Física en el contexto de sobrepeso y obesidad en México”, podemos observar que la cantidad de este nutrimento crítico que propone el etiquetado es demasiado elevada (tres veces más que la recomendación de los expertos nacionales y casi el doble de la recomendación internacional).

Esta diferencia se puede observar en la siguiente tabla:

Organización Mundial de la Salud / Organización Panamericana de la Salud [1],[2] Academia Nacional de Medicina[3] EU Pledge[4] (utilizado en etiquetado GDA)
OMS recomienda un máximo 50 gramos para el consumo de azúcares totales, al día.

 

Adicionalmente, recomienda que el consumo de azúcares añadidos no sea mayor a 25 gramos al día.

 

No más del 10% de la energía proveniente de hidratos de carbono.

 

Esto es equivalente a 30 gramos de azúcar por día, o 120 kcal provenientes de azúcar.

 

Recomienda hasta 90 gramos de azúcar/día como un consumo seguro

 

 

¿A quién se le ocurrió decir que 90 gramos de azúcar por día es un consumo seguro?

Resulta que, este elevado criterio de azúcar fue retomado del E.U Pledge, una alianza autorregulatoria de industrias como Pepsico, McDonalds, Coca Cola, Ferrero, Kellogs y muchos más gigantes de la industria de alimentos y bebidas. (Sobra decir que, es vergonzoso e irresponsable que nuestras autoridades hayan decidido utilizar un criterio elaborado por productores y comerciantes de productos malsanos, por encima de los rigurosos estudios libres de conflictos de interés comerciales que forjaron las recomendaciones de la OMS y la Academia Nacional de Medicina).

  1. No considera a la población más vulnerable

Mientras que investigadores, expertos en salud alimentaria y organismos internacionales como UNICEF y la OPS han recomendado que los etiquetados deben expresar la información nutrimental de la manera más clara y sencilla posible, con el fin de no dejar atrás a niños, niñas, personas que no saben leer, escribir o hacer operaciones matemáticas, el etiquetado frontal en México ha probado ser especialmente complicado, incluso para personas que cuentan con un conocimiento técnico avanzado sobre el tema. Esto se comprobó cuando, un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Salud Pública, reveló que menos del 2% de los estudiantes de nutrición de una prestigiada universidad, lograron interpretar adecuadamente el contenido de diferentes alimentos con el etiquetado GDA. Podemos concluir entonces que, si este etiquetado es complejo para futuros nutricionistas, el grueso de los consumidores, quienes carecen de conocimiento especializado en términos como “calorías, grasas trans, grasas saturadas, sodio y azúcares”, encontrarán todavía más difícil esta tarea.

La realidad es que este etiquetado no considera a la población más vulnerable: la gente que no sabe leer ni escribir, la gente que no pudo acceder a una educación de calidad, los niños y niñas, los adultos mayores, y un sinfín de consumidores sin conocimientos extensos sobre el tema.

Mientras que esta interpretación podría parecer tarea de un público altamente especializado, países como Chile han demostrado que el uso de un sencillo sistema de etiquetado de advertencia puede cambiar las compras y ser entendido, incluso por niños que todavía no aprenden a leer, pero logran identificar los íconos y asociarlos con que el producto que los contiene no es saludable.

  1. No fue elaborado por grupos de expertos en la materia, sino por la industria de alimentos y bebidas, lo que representa un claro Conflicto de Interés.

Existe una razón que explica la complejidad de nuestro etiquetado frontal. No fue diseñado por grupos de expertos. Y no es que no existan en México, de hecho, muchos estudios nacionales e internacionales se han desarrollado sobre este tema y todos han concluido en la necesidad de simplificar la información para favorecer la toma saludable de decisiones de compra. Sin embargo, COFEPRIS, no consideró necesaria la inclusión de estas investigaciones y grupos de expertos al implementar en una Norma Oficial (051)[1] el etiquetado GDA como el sistema para México. En vez de realizar una consulta pública, convocar a expertos y probar la efectividad del GDA entre grupos de consumidores, retomaron una propuesta autorregulatoria (es decir, una propuesta elaborada por ConMéxico, asociación que conjunta a las industrias de ultraprocesados y bebidas).

Este punto es delicado, pues en teoría, COFEPRIS debería tener como interés primordial la protección de la salud de los consumidores, sin embargo, la falta de transparencia en la implementación del etiquetado GDA y la ausencia absoluta de pruebas sobre la efectividad de este etiquetado para informar, hacen ver que esta fue una decisión influenciada fuertemente por intereses comerciales. Esto se llama conflicto de interés y se trata de un tipo de corrupción muy frecuente en la toma de decisiones de políticas públicas. Los mexicanos nos topamos con un gobierno laxo, que considera más importante la protección de los intereses de unas cuantas industrias que la salud de su población.

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  1. Debido a su complejidad, la mayor parte de la población mexicana, no lo comprende.

En el punto 2, se enfatizó que este etiquetado no es comprendido por la población más vulnerable, pero esto no es todo. En realidad, el grueso de la población (de todas las regiones del país, niveles de estudio y con todo tipo de nivel de ingreso) considera que el etiquetado es confuso. Fue menos de un 13% de la población quien lo calificó como “muy comprensible” en la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición.

La industria de alimentos y bebidas se ha defendido argumentando que la Secretaría de Salud debería realizar campañas educativas para que la población se adapte a este etiquetado, pero esta propuesta carece de sentido. Son las propuestas de política pública las que se tienen que adaptar a la población, y no la población a una propuesta elaborada por la iniciativa privada, disfrazada de política de salud.

Estas son solo algunas de las razones por las que el etiquetado debe cambiar. La interferencia de las industrias no se ha hecho esperar, son nuestras autoridades quienes deben demostrar, de qué lado están: la salud y los derechos de la población, o los intereses económicos de unos pocos.

Si desean conocer más información sobre los grupos de expertos libres de conflicto de interés y el derecho de acceso a la información, es recomendable el documento elaborado por un extenso número de expertos, publicado en la revista “Salud Pública de México: Sistema de Etiquetado Frontal de Alimentos y Bebidas para México: una estrategia para la toma de decisiones saludables”[2]

[1] World Health Organization. Sugars Intake Guidelines for adults and children. (2015)

[2] Modelo de Perfil de Nutrientes e la Organización Panamericana de la Salud. (2016)

[3] Guías Alimentarias y de Actividad Física en el contexto de Sobrepeso y Obesidad en la Población Mexicana. Documento de Postura de la Academia Nacional de Medicina.

[4] “The EU Pledge is a voluntary initiative by leading food and beverage companies” Disponible en: http://www.eu-pledge.eu/

[5] Norma Oficial Mexicana 051. Especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados. Información comercial y sanitaria. Disponible en: http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5137518&fecha=05/04/2010

[6] Sistema de Etiquetado Frontal de Alimentos y Bebidas para México: una estrategia para la toma de decisiones saludables. Salud Pública de México 2018. Disponible en: http://www.saludpublica.mx/index.php/spm/article/view/9615

 

 

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